‘Manolo’, un quijote del teatro colombiano que murió en medio de su primera película

El dramaturgo y poeta Manuel José Sierra interpretó al protagonista de Un tal Alonso Quijano. Más allá del parecido físico con el Quijote, ‘Manolo’, como le decían sus amigos, colegas y alumnos, tenía varios aspectos en común con el personaje creado por Miguel de Cervantes Saavedra en el siglo XVII: ambos fueron hombres contracorrientes, grandes lectores y entregados a ciertas causas. Las de Manolo fueron el teatro y la cultura.

El interés de Manolo por el teatro y las letras surgió desde adolescente en Charalá. Él nació en ese pueblo santandereano el 17 de agosto de 1948 y estudió su bachillerato en un internado católico manejado por curas. “Alguna vez charlando, Manolo me contó que para ellos, los curas, era muy importante la literatura y el teatro. Cuando comía con sus compañeros, los curas les leían novelas”, cuenta Luz Stella Gil, quien fue su pareja por 15 años. Gracias a esa formación, con su círculo de amigos en Charalá empezó a hacer teatro.

Después de terminar el bachillerato, un joven Manolo se trasladó a Bogotá y participó en el Teatro Estudio de la Universidad Nacional de Colombia. Eran los años sesenta, el movimiento estudiantil que estalló en Europa también había llegado al país. Las artes eran el refugio de intelectuales que querían un mundo mejor. Pero el teatro estaba marginado. Pocos se les median. A ese ambiente se incorporó Manuel José. Para esa época, el reconocido actor y guionista Carlos Duplat dirigía el Teatro Estudio mientras estudiaba arquitectura. De allí conoce a Manolo.

 

 

“Él hacía parte de un grupo al que le decíamos Los Charaleños”, recuerda Duplat, ya de 78 años. “Se trataba de un grupo de gente de Charalá que participaba activamente en la creación y el montaje de las obras. Con Los Charaleños hicimos ‘Siendo Herodes rey de Judea’, de temática bíblica, y ‘Galileo Galilei’ del alemán Bertolt Brecht”. Uno de los dramaturgos y escritores que más le interesó a Manuel José fue Brecht.

– ¿Y cómo era trabajar con él? 

Duplat destaca en Manolo un rasgo clave de su manera de hacer teatro: “Se interesó mucho en la escritura, el script. A partir de la improvisación y la creación colectiva, él recogía cosas que luego transformaba en libretos. Eso nos servía para ensayar y montar las obras”.

 

La vida después de la Nacional

El paso por la Universidad Nacional, que duró hasta comienzos de los años setenta, le dio experiencia teatral a Manuel José. Además de Duplat, también trabajó y compartió con dramaturgos importantes como Santiago García, quien fundó el Teatro de La Candelaria. Luego comenzó a dirigir el grupo de teatro de la Universidad Incca de Colombia. Para ese momento, el teatro universitario estaba en pleno fulgor. Formó a varios actores entre los que estaba Luis Fernando Garzón, que con el paso de los años se convirtió en su mejor amigo.

Manolo era un ser extraordinario. Muy leal. Era un gran lector. Es la persona más inteligente que he conocido, capaz de comprender cualquier lectura y explicarla perfectamente con sus palabras”, cuenta Garzón en su bar, donde se encontraba con Manuel José cada vez que visitaba Bogotá. 

 

 

– ¿Les cuento una anécdota? Es bonita.

Garzón comienza a narrar uno de los tantos viajes que hicieron para presentar sus obras: “Habían invitado al grupo de teatro de la Incca a la Universidad Industrial de Santander. La obra trataba sobre sindicalismo. Yo estaba recién ingresado al grupo y tenía dos o tres escenas. Los titulares de la obra decidieron cambiar partes, eran muy mamadores de gallo… Bueno, salió la obra e improvisamos mucho. Cuando Manolo vio que la gente se reía, se sorprendió. Era otra obra”, sonríe y sigue con la anécdota. “Listo, terminamos la obra y la gente empezó a pedir que repitiéramos una escena. Fue tenaz, hicimos cualquier payasada. Luego nos fuimos para la casa de Manolo, armamos una fiesta y de nuevos nos pidieron la escena. Fue chistoso”, vuelve a sonreír. Le alegra ese recuerdo con su mejor amigo. 

Después de dirigir en la Universidad Incca, Manuel José partió hacia Armenia para crear el grupo de teatro de la Universidad del Quindío. Jairo Urrea Henao, profesor de filosofía de esa institución, cuenta en el prólogo de ‘En los estrados de Dios’, uno de los libros escritos por Manolo, que el profesor Sierra apareció en una época en que el teatro era incipiente en la ciudad:

 

“Llegó en los setenta, cuando en la región se intentaban montajes en los colegios. Principalmente melodramas en los privados, panfletos en los oficiales (…) Manuel acogió, como un abuelo bueno que abraza a sus nietos sin importar la edad o sus creencias, a una caterva de ávidos jóvenes”. 

 

El grupo que formó en Quindío se llamó Falcada, con el que dio varias presentaciones en otras universidades del país y en encuentros de artes escénicas. Pero el teatro no fue la única huella que dejó en Armenia. Su gusto por la lectura lo llevó a abrir la librería El Zancudo. Así recuerda Urrea ese lugar: “Manuel trajo, además del teatro, una cantidad de libros que montó en un local vecino a la Universidad del Quindío, en improvisados estantes hechos con tablas colgadas de manilas. Ahí fueron exhibidos volúmenes de literatura, cine, teatro, política, sociología, antropología, filosofía, historia, entre otros”. La librería de Manolo fue el espacio de encuentro de los intelectuales y uno de los principales centros culturales de la ciudad.

 

Cali y la materialización de un sueño

A comienzos de los ochenta, Manolo acepta trabajar en el Instituto Popular de Cultura en Cali dando clases de dramaturgia. Es allí donde conoce a Luz Stella Gil. Ella ingresó en 1988, cuando tenía 20 años. “Y desde entonces estuvimos juntos”. Además de la relación maestro-alumna, también tuvieron una relación amorosa.

– ¿Y cómo era de profesor?

“A ver…”, dice Gil y piensa por un instante antes de seguir con su respuesta. “He tenido varios maestro, pero él era integral. Aprendí no solo en lo profesional, sino en todos los sentidos de la vida. Con él aprendí a ser crítica con la realidad, con lo que leía. Es que hablar con Manolo era una clase de filosofía y literatura”. Otro de los aprendizajes que le dejó Manuel José a Gil fue la importancia de la palabra en el teatro. “Hubo un momento en que el teatro en Colombia era muy visual, muy hacia la improvisación. Manolo, de terco, le dio más fuerza a la palabra en escena”. 

¿Qué quiere decir eso? Que el actor comprendiera al autor de la obra, que escuchara la voz de quien la escribió antes de subir al escenario e interpretarla. Eso, en opinión de Gil, lo hizo ver en contracorriente con el resto del movimiento teatral nacional. Adicional a eso, Manolo le apostó a llevar la literatura al teatro: novelas y textos de Juan Rulfo, Gabriel García Márquez, Germán Espinoza, Juan José Arreola y Samuel Beckett (quien era dramaturgo). También algunos clásicos griegos como los de Eurípides. 

 

 

Manolo y Gil compartían el mismo interés por el teatro, el mismo amor por la dramaturgia. De ahí nació la quijotesca idea crear Domus Teatro. Desde que se conocieron soñaban con una sala donde pudiesen presentar obras y montar una compañía teatral. Ese sueño se hizo realidad a mediados de los noventa. Hoy luego de 26 años sigue funcionando y es una de los espacios culturales más reconocidos en Cali. “Es como nuestro hijo. Hubo momentos difíciles para mantener la sala, porque no se recibían recursos. Pero Manolo se encargaba”. Tiempo después, la pareja se separaría, pero Manolo continuó con este proyecto hasta sus últimos días.

“Él se encargaba de la programación en Domus, de formar actores y de montar obras”, cuenta Gil. En la buhardilla de la casa donde se creó la sala, Manolo montó una especie de estudio con sus libros. Allí se encerraba a escribir, a leer libros que tenía regados por todas partes, a montar obras. “Yo creo que ahí está su parecido con el Quijote: era un hombre de libros”, comenta de nuevo Gil. De hecho, ‘Don Quijote de la Mancha’ fue uno de sus libros de cabecera. Y hasta llevó a la tablas una de las escenas de la novela.

Mientras estaba de lleno con Domus Teatro, la directora y guionista Libia Stella Gómez lo llamó para protagonizar Un tal Alonso Quijano, la primera película de ficción hecha en su totalidad por estudiantes de la Escuela de Cine y Televisión de la Universidad Nacional. Había escrito el papel de Alonso Quijano especialmente para él, a quien había conocido por intermedio de Luis Fernando Garzón. “Manolo no es actor y al principio no le interesó”, señala Garzón y agrega: “Pero en el fondo sí quería. Participar en la película era su testamento. El teatro desaparece, porque es algo presencial. Pero Manolo quería filmar algo para dejar testimonio de su vida artística”.

 

“Hubo un momento en que el teatro en Colombia era muy visual, muy hacia la improvisación. Manolo, de terco, le dio más fuerza a la palabra en escena”.

 

La directora de la película le puso coach de actuación para que lo apoyara con la interpretación y con el libreto, que buena son diálogos de Don Quijote. Incluso le colocó instructor para que aprendiera a montar moto, pues en varias escenas debía aparecer subido en una Vespa. “El trabajar con jóvenes le dio un alma nueva. Manolo sufría de Parkinson y la enfermedad ya era notoria, pero era feliz trabajando con los estudiantes”, resalta Garzón. 

Sin embargo, Manolo no pudo terminar la película. El 24 de noviembre de 2017 sufrió un accidente bajando de una escaleras en Domus Teatro. Se golpeó fuertemente y murió luego de que lo llevaran a un hospital. La noticia dolió no solo al equipo de producción de Un tal Alonso Quijano y a sus amigos cercanos. “Me sorprendió las manifestaciones de cariño durante el sepelio. Tantos actores, directores y jóvenes que lo consideraban un maestro. Fue conmovedor”, recuerda Gil.

Un tal Alonso Quijano, además de una inquietante tragicomedia producida por estudiantes de la Universidad Nacional y donde actúan jóvenes talentos, también es un homenaje al trabajo y al legado de Manuel José Sierra, ese quijote del teatro colombiano que siempre creyó en las artes escénicas y se fue en contracorriente del gremio; que se dedicó a formar buenos actores; que contribuyó a la cultura del país. Es el testimonio de un maestro. La podrán ver desde el próximo 1 de julio a través de www.untalalonsoquijano.com.