La Escuela que impulsó y revolucionó al cine en Colombia

¿Cómo era la formación de los cineastas en Colombia antes de 1988? En el país no existía una escuela formal de cine. Pero eso no quiere decir que no existiera un interés por aprender y enseñar sobre escritura de guion, cinematografía, producción o lenguaje audiovisual. En universidades como la Javeriana y la del Valle, dentro de sus programas de Comunicación Social, se dictaban clases y talleres de cine de ficción y documental. En otras instituciones se charlaba y discutía sobre el séptimo arte en foros organizados por estudiantes, profesores o aficionados.

A pesar de esos espacios, claves para despertar el interés por el cine, a la cinematografía nacional le hacía falta un lugar propio de enseñanza y reflexión, un semillero de creadores, un sitio en donde se puedan pensar las películas que necesita ver el país para conocerse mejor. Con esas intenciones nace en 1988 la Escuela de Cine y Televisión de la Universidad Nacional de Colombia, la primera que se crea en el país.

“La historia de la Escuela está ligada a la antigua Compañía para el Fomento Cinematográfico (FOCINE), creada por el Estado”, explica Juan Guillermo Buenaventura, actual director de la Escuela. “En la década de los ochenta se dio un gran debate en el país acerca de cómo impulsar la industria del cine nacional”. ¿Cómo formar a mejores cineastas? ¿De qué manera se podrían profesionalizar quienes trabajaban haciendo películas? ¿Qué debe hacerse para que la industria audiovisual crezca? Estas eran algunas discusiones de la época.

 

Foto: Archivo Facultad de Cine y TV | UNAL.

 

FOCINE y la Universidad Nacional revisaron varias experiencias internacionales para encontrar respuestas a esos cuestionamientos. “Luego de la revolución de 1917, en Rusia hubo una crisis en la industria del cine. Gran parte del personal técnico y artístico migró fuera del país. ¿Qué hizo el Estado ruso? Crear una escuela de formación cinematográfica, la cual es considerada como la primera en el mundo”, cuenta Buenaventura. Otra experiencia que llamó la atención fue la de Italia. En la década de los treinta, el gobierno de entonces diseñó su propio centro de enseñanza de cine.

Para no ir más lejos en la historia, a mediados de los setenta se crea el Centro de Capacitación Cinematográfica en México, que está vinculado al Ministerio de Cultura de ese país y a los Estudios Churubusco, uno de los más antiguos y reconocidos en América Latina. “Bajo esas experiencias, FOCINE decide desarrollar en los ochenta una escuela en Colombia. Pero el proyecto fracasa porque en el país, para entonces, no existía un Ministerio de Cultura al cual vincular el centro de formación. En ese momento el Estado le propone a la Universidad Nacional gestionar el proceso”, rememora el hoy director de la Escuela. 

Después de 32 años de funcionamiento, la Escuela de Cine y Televisión de la Universidad Nacional está posicionada como el principal semillero en el país de talentos en las distintas áreas de la industria audiovisual: directores, sonidistas, fotógrafos, montajistas, productores, guionistas, animadores, entre otros. Pero también de sus aulas han salido profesionales en cine que crearon otras escuelas, agudos críticos y reconocidos académicos que le aportan sus investigaciones y conocimientos a la enseñanza del séptimo arte.

 

Staff de Un tal Alonso Quijano.

 

Asimismo, la Escuela se ha convertido en un espacio ideal para la creación, que va desde la realización de cortos de ficción y documentales hasta la experimentación audiovisual. “Al año, se hacen al menos 100 producciones, entre estudiantes y docentes. Un 60 por ciento son cortometrajes de ficción. El resto son piezas documentales o experimentales”, resalta Buenaventura. Algunas de esas producciones participan en festivales y muestras nacionales e internacionales.

En cuanto a festivales, desde la Escuela se organiza Equinoxio, la muestra de cine universitario más antigua del país. Allí estudiantes de la Universidad Nacional y de otras instituciones exhiben sus trabajos y participan de charlas con expertos en diversas técnicas cinematográficas. En este 2020 llega a su edición número 22. 

“La formación de la Escuela tiene un constante ensayo y error que fortalece al estudiante. En el mundo profesional no se pueden cometer errores. En cambio, en el mundo universitario se permiten y son necesarios para el aprendizaje. Por eso queremos que nuestros estudiantes investiguen, prueben todos los lenguajes audiovisuales que existen, se atrevan a crear y experimenten sin miedo”, comenta el director de la Escuela.

 

Foto: Archivo Facultad de Cine y TV | UNAL.

 

Justo ese ensayo y error del que habla Buenaventura fue lo que ocurrió en Un tal Alonso Quijano, el primer largometraje de ficción producido totalmente por la Universidad Nacional y en el que participaron al menos 80 estudiantes de la Escuela. Dirigida y escrita por Libia Stella Gómez, docente de la Escuela, la película llevó a que los jóvenes cineastas en formación experimentaran qué es hacer cine, enfrentándose a retos y dilemas reales del trabajo cinematográfico. Fallando o acertando en las decisiones que tomaban. Pero el resultado es una tragicomedia de alta factura. 

Hasta el 2019, cerca de 650 egresados ha dado la Escuela. Están regados en diferentes áreas de la industria audiovisual. Algunos son directores, guionistas o productores de reconocidas películas, series de televisión o documentales. Otros trabajan en investigación y formación académica en otras escuela de cine del país. Incluso varios laboran en educación secundaria o proyectos comunitarios audiovisuales, incentivando de esa manera el interés por el séptimo arte.

 

Staff de Un tal Alonso Quijano.

 

Hablamos con algunos egresados sobre lo que significó para sus vidas y sus carreras profesionales pasar por el Escuela de Cine y Televisión de la Universidad Nacional de Colombia:

 

– Diana Pérez Mejía

Gerente y productora creativa de Ferviente Films. En 2016 produjo la película ‘Pariente’.

“El paso por la Escuela fue fundamental en mi formación profesional y artística, pues me permitió una visión integral de mi rol dentro de la sociedad y me convenció del poder del cine. Además, mi participación en el Grupo Institucional de Teatro Experimental, dirigido por Carlos Rojas, fue la clave para iniciar mi visión integral de la producción de cine desde el trabajo actoral y con ello mi rol como preparadora de actores, lo que dio lugar al resultado actoral de mis trabajos como ‘Los Retratos’, ‘El Tiple’, ‘Completo’, ‘Éxodo’, ‘Pariente’ y ‘Güepsa, historias cortas de Santander’”.

 

– Federico Durán Amorocho

Productor de las películas ‘Alías María’, ‘La historia del baúl rosado’, ‘El páramo’, ‘La virgen de los sicarios’, entre otros.

“Tuve grandes enseñanzas, sobre todo en la parte humanística. La Escuela, al estar insertada en la Universidad Nacional, permite hacer un recorrido por la Colombia y el mundo real. Al mismo tiempo entiendes la existencia de diversos grupos y comunidades. Además de eso, tuve a grandes profesores. Uno en especial es José Hernán Aguilar, profesor de la historia del mundo audiovisual. Él me ayudó a pensar y reflexionar sobre lo que hay detrás del cine, sobre cuáles son las intenciones que tiene un director con su obra”.

 

– Carlos Smith

Fundador de las compañías Smith & Smith y HIERROanimación, ambas dedicadas a la producción de animaciones. Docente en la Universidad Veritas de Costa Rica.

“Yo aprendí a contar historias en la Escuela. Ese fue el gran aprendizaje que definió mi carrera. Tenía en la cabeza la idea de hacer animación. Entonces aprendí de animación mientras en la Escuela nos enseñaban a hacer cine. También rescató dos cosas de las Escuela: producíamos mucho, hacíamos varios cortos y experimentábamos en todos los cargos. Y la calidad de los compañeros era increíble. Estudiar con gente tan apasionada al cine fue para mí una apertura impresionante”.

 

– Rubén Mendoza

Director y guionista. Ha dirigido las películas ‘Niña errante’, ‘Cita con la trocha’, ‘El valle sin sombras’ y ‘Señorita María: la falda de la montaña’.

“Fundamentalmente yo agradezco el paso por la Universidad Nacional. Agradezco la apertura al conocimiento: veíamos clases de literatura, de trabajo social, de historia del arte. Hay una conciencia de que el cine se alimenta de todo. Me aportó las ganas de un mundo distinto. El cine como herramienta para transformar la sociedad. Yo administré la biblioteca de la Escuela. Venían muchos coleccionistas de otras facultades a intercambiar o prestar material. Se creó una cosa comunitaria divina, con la finalidad de que el conocimiento circulara”.